Sin asertividad, no hay productividad consciente

De nada sirve la mejor organización de tu tiempo si luego la dejas a expensas de tu entorno, priorizando sus necesidades a las tuyas. En ese caso podrás sacar sus cosas adelante, pero no te darán satisfacción – más allá de agradar al resto.

 

Y no se trata de ser egoístas o saber decir que NO sin más. La asertividad es saber decirte SÍ: sí a tu tiempo, sí a tus prioridades, y también sí a los demás, respetando las necesidades de ambas partes. Porque si no, de nada te va a servir tener tus objetivos bien definidos y divididos en metas alcanzables a más corto plazo, ni planificarte fenomenal de acuerdo a dichas metas, ni tener claras tus prioridades en función de su urgencia e importancia. Todo eso es necesario pero no suficiente para llevarlo a cabo. El nivel de éxito en su consecución depende en gran parte de tu grado de asertividad. ¿Cuál es el tuyo?

¿Con cuántas tareas te sobrecargas por no pedir ayuda?

¿Cuántas veces preguntas por la urgencia exacta de lo que te piden “para ya”?

¿Cuántas interrupciones permites a lo largo del día?

¿Tiendes a dejarte para después antes las demandas externas?

¿Prefieres buscarte la vida antes que preguntar tus dudas sobre una nueva petición de tu jefe/cliente?

Enhorabuena, conocer tu nivel de asertividad es el primer paso para incrementarlo si hace falta.

El siguiente paso es profundizar en tus propios límites, intereses, opiniones y necesidades, ya que la asertividad requiere expresar los mismos con confianza y serenidad.

Por tanto, se trata de decirnos que sí, de respetarnos sin faltar al respeto de nadie; la asertividad está en el punto de equilibrio del péndulo que forman la pasividad y la agresividad. Ésta es sin duda la clave para una productividad consciente y orientada a tu felicidad.